MI HISTORIA

Todo el mundo acarrea historias a sus espaldas.

 

La vida es una encrucijada llena de historias y personas, lugares y sucesos...

Mi historia, como leeréis más adelante, no es en muchos sentidos, la típica historia de una niña de buen estatus social que recibe clases en el conservatorio de su ciudad ... Se puede decir que entré tarde en el mundo musical. Lo que quiero decir es que adquirí habilidades musicales a una edad mayor de lo normal. La gran ventaja que esto supuso fue la madurez y determinación que tenía. Para ponerme al día, necesitaba entender de manera analítica y consciente, el arte de tocar el violín.

A la edad en la que la mayoría de los alumnos están estudiando los grandes conciertos para violín, yo todavía no sabía lo que me esperaba, y si por aquel entonces alguien me preguntase qué es un violín, no sabría la respuesta. Incluso diría que si alguien en esos momentos hubiese viajado al pasado, y me hubiera mostrado mi futuro probablemente estallaría en carcajadas, al mismo tiempo que seguiría poniendo copas en el pub.

 

Me crié en Aguiño, un hermoso pueblo de pescadores en las Rías Baixas de Galicia, en la provincia de A Coruña. En Aguiño la gente es trabajadora y humilde. Mi padre, por ejemplo ha trabajado desde que tenía nueve años y mi madre desde los doce. Yo fui afortunada de tener que empezar a trabajar en el pub a los quince años.

 

La música siempre me acompañó en mi vida. Aunque nunca había escuchado un concierto de música clásica, ni en una sala de conciertos, ni en la radio, otros tipos de música formaban parte de mi bienestar. A los catorce años fue cuando tuve mi primera experiencia musical impactante.

 

Nuestro profesor de Inglés en el colegio, Don Camilo Rumbao, fue el primer músico que se cruzó en mi camino. Don Camilo toca el piano y el órgano, ama la música, y cuando daba clases de Inglés en el colegio del pueblo decidió montar una pequeña rondalla de niños, con mandolinas, bandurrias, laudes y guitarras. Hizo una selección de niños de entre 9 y 12 años, y yo vi con ojos largos que me quedaba fuera de una actividad musical. No podía ser, así que le pedí que por favor me dejase formar parte del grupo. Y entonces tuve mi primera audición: cantar una canción popular en diferentes tonalidades.... o por lo menos, eso creo que es lo que pasó, ya que no sabía lo que eran las tonalidades, pero de alguna manera seguí lo que escuchaba del piano. ¡Que gran éxito!

 

Así comencé a tocar la mandolina. Ninguno teníamos nociones de solfeo, y Don Camilo se inventó un método propio. Primero nos enseño el nombre de las notas, que todos pusimos en nuestros trastes de los instrumentos, y después escribió a mano todas las partituras con el nombre de las notas: “ fa mi mi___, fa mi mi___, fa mi mi___ do_____, ____ do si la___, la sol fa___, fa mi re___ re____ , (Las orquestas generalmente empiezan esta obra con mi bemol, re, re____.) etc.... y si era una nota más larga, pues le ponía una raya (____) por debajo... en fin, ¡¡¡muy interesante y efectivo el método!!!

 

Me encantaba tocar en la rondalla. Tocábamos en la iglesia canciones populares, y algunos mix de los “hits” de música clásica.

 

Entonces, yo ya empecé el instituto, y quería aprender más. Al cabo de un año le dije si por favor me podía enseñar a leer música de verdad, y me dijo:

- Eso ya son palabras mayores, pero si quieres y tienes tantas ganas, dedicaré una hora cada día a enseñarte.

 

¡No cabía en mi de alegría! Así fue como día a día aprendí solfeo y a leer partituras cantando. Tengo que decir que Don Camilo siempre me enseñó de manera altruista y nunca aceptó ningún pago por las clases de solfeo, ni por su labor con la rondalla de la que todo el pueblo disfrutamos.

Al cabo de unos meses, Don Camilo apareció por la escuela con un estuche de un instrumento, un libro y un radiocasete. Me dijo:

- Quiero que escuches algo. La música que empezó a sonar era maravillosa.

- Es un cuarteto de cuerda. Ni idea de lo que me estaba diciendo.

Y me mostró el estuche: - Raquel, ¿sabes lo que es esto? Es un violín. A mi me encanta el violín, pero no tengo tiempo para aprenderlo. Si quieres te lo puedo dejar y puedes intentar tocarlo.

 

Mi sueño empezaba a formarse antes de que yo pudiese soñarlo, todo gracias a la genuina generosidad de esta persona. Nunca me olvidaré del olor de ese violín y de la sensación que tuve la primera vez que lo cogí en mis manos. Su sonido.... qué dulce me parecía, a pesar de todos los chirridos que por supuesto salían al comienzo. Así que con 16 años comencé a rascar el violín 10 minutos algún que otro día. Me encantaba, pero no tenía ninguna partitura de violín, así que intentaba sacar melodías de canciones que a mi me gustaban.

 

Al cabo de dos años me mudé a Santiago de Compostela para cursar COU ( el curso que se hacía antes de estudiar una carrera), y allí me matriculé en el conservatorio. Mis clases de violín eran de quince minutos, así que daba tiempo a afinar y poco más. El primer año tuve cuatro clases en todo el año! Yo quería aprender más y así fue como tras hacer una audición para la Xoven Orquesta de Galicia y pasarla, me fui con la orquesta de gira un mes a Sudamérica!! Qué increíble! Yo estaba segura de que dedicarme a la música era lo que quería en mi vida, pero era tan difícil!! No tenía profesor estable, y lo veía como un sueño difícil de alcanzar. Así que comencé la carrera de Filología Inglesa y al mismo tiempo tocaba en la Xoven Orquesta.

Allí conocí a Germán Clavijo, en aquel entonces violinista, (hoy violista en la London Symphony y profesor de viola en la Guildhall School of Music and Drama). Lo escuché tocar la Chaconna de Bach, y las emociones que sentí fueron indescriptibles. Luego me hizo escuchar el concierto de Sibelius!! Dios mío, ¿cómo es posible que exista algo así? … Y así nos hicimos novios, y después vinieron el concierto de Brahms, Tchaikovsky, Prokofiev, más conciertos, sonatas, cuartetos, sinfonías, y un sinfín más de obras. Y me presentó a su profesor: Lev Chistiakov, antiguo miembro de los virtuosos de Moscú.

 

Así comencé mis estudios regulares de violín. Viajaba cada fin de semana en autobús nueve horas para dar clase con él. Un profesor maravilloso, muy dedicado, que a pesar de mi bajo nivel por mi edad, (ya de aquella tenía 21 años), confió en mis posibilidades, y en dos años me preparó para entrar a la Guildhall School of Music and Drama y el nivel que conseguí gracias a sus clases me permitieron tocar en varias orquestas profesionales para ahorrar dinero y para cumplir mi sueño: continuar estudiando violín y convertirme en una buena profesional. Mientras tanto, yo fui cursando mi carrera de Filología Inglesa, que me vino muy bien a la hora de irme a estudiar a Londres.

 

Antes de mi audición para la Guildhall hice varias clases con algunos profesores. Eran tan diferentes... Cada uno se centraba en aspectos diferentes y tenían métodos de trabajo muy interesantes. Detlef Hahn fue uno de estos profesores que me encantó y con quien quería estudiar en la Guildhall. Pasé la audición y así comenzaron mis estudios superiores de violín. Los dos primeros años fueron muy duros. Yo veía que el nivel era muy alto, y sentía que a lo mejor no podía alcanzar ese nivel.... pero cabezona como gallega que soy, y apoyada por la confianza que Detlef había depositado en mi, seguía con la mía y estudiaba siempre cuando mi trabajo (en la biblioteca), y mis clases me lo permitían. No tenía beca, así que tenía que ganarme la vida también. En el segundo año ya conseguí beca y estaba más tranquila. Detlef, un gran violinista, me hablaba mucho de expresividad, de contar historias tocando, de imaginación y de una buena conciencia corporal al hacerlo. En estos años comencé a ofrecer mis primeros recitales de violín y piano en España e Inglaterra y a experimentar el calor del público. El tercer curso en la Guildhall fue un despegue. Detlef me preguntó que me gustaría tocar. Mi sueño era el concierto de Sibelius, y él dijo: adelante!!

 

¡¡Uff!!, No podía parar de estudiar. Cada momento que tenía lo dedicaba al concierto. Fue un sueño hecho realidad, y me sirvió para despegar y empezar a volar y sentir la música y el violín de otra manera. A pesar de todo lo que veía que me quedaba por delante, ya estaba disfrutando a raudales!. No tenía duda, esto era lo mío.

Ese verano fui a Salzburgo a hacer un curso de verano. No sabía muy bien con quién, me habían recomendado a un profesor que se llamaba Mauricio Fuks. Fui a mi primera clase y estaba nerviosa, había mucha gente escuchando. Además este profesor tenía un presencia fuerte y especial.

 

Comencé a tocar, y al cabo de un rato me equivoqué y me paré. Se puso en pie y dijo: -Querida, por qué te paras? Todos estamos disfrutando, por favor, empieza a disfrutar tu también. La clase fue increíble y cambió el curso de mi futuro. No podía parar de escuchar sus clases y de aprender tantas cosas. A medida que la semana transcurría, me emocionó el arte, la pasión y el conocimiento en sus enseñanzas, así como la gran dedicación que tenía hacia sus alumnos. Quería estudiar con este gran profesor. Lo tenía más que claro.

En uno de los descansos del curso me aproximé y le pedí dos minutos de su tiempo.

Le dije: - Maestro, yo quiero estudiar con usted, ¿sería posible?, ¿qué tengo que hacer?.

El me dijo: - Bueno, la verdad es que el cupo de la universidad ya lo tengo lleno, pero si quieres puedes venir a hacer clases particulares.

¡¡Claro que sí!! Tenía que buscar la manera. Desde ese momento hasta mi primer viaje a Bloomington no paré de pensar en mi meta. Así que me dediqué a estudiar, terminar el Bachelors en Londres, ahorrar y cruzar el charco.

 

Aquí comienza la tercera parada en mi viaje. LLegué a Bloomington, en el estado de Indiana. La mejor época del año para verlo: el otoño, lleno de árboles con las hojas de todos los colores; un pueblo grande con un campus hermoso, y mucho estudiantes con un ambiente internacional y estupendo.

 

Comencé mis clases y un nuevo camino se abrió para mi. Fui a escuchar todas las clases que podía, y así aprendí mucho. No podía permitirme tener clases regularmente; hacía una cada tres semanas, más o menos, y el resto del tiempo estudiaba y escuchaba otras clases.

 

Me fascinaba todo lo que estaba viviendo, y la experiencia de todo lo nuevo que sentía con el violín, y el nivel de los alumnos que allí escuchaba y me maravillaba ver todo lo que progresaban.

 

Después de unos meses, hice la audición para la universidad. Tras la audición, el maestro Fuks tuvo una charla conmigo en la que me dijo que él pensaba que tenía cualidades como pedagoga y que a parte de las clases de violín con él, le gustaría que yo trabajase con algunos de sus alumnos, y que él me guiaría y me explicaría cómo hacerlo.Y así comencé mis estudios del Performer Diploma junto con la experiencia de enseñar que marcaría una parte importante de mi futuro profesional. Después continué cursando el Masters en Música, en el cual tuve mis primeras experiencias como solista y seguí ofreciendo recitales. En estos años conocí a Yuval Gotlibovich, ahora mi marido (que en esa época era estudiante también y después fue nombrado profesor de viola), y fuente de inspiración constante.

 

Con el maestro Fuks no sólo he crecido como violinista y pedagoga, también lo he hecho como persona. Siempre le agradeceré toda la confianza que ha puesto en mi y las oportunidades que me ha ofrecido.

 

En mi último año del Máster de música, hice las audiciones para ser profesora en la Esmuc, (Escuela Superior de música de Catalunya), y tras ser seleccionada, comencé mi trabajo en la escuela en septiembre de 2004.

 

En estos diez años he aprendido mucho de todos mis alumnos, y estoy muy contenta y orgullosa de todo el trabajo que cada uno de ellos ha realizado y está realizando. A pesar de que muchas veces “aprieto las tuercas”, han aguantado (y aguantan), y cada uno de sus logros son también los míos.

 

En estos diez años también he tenido muchas y variadas experiencias tocando con excelentes artistas que me han inspirado y enriquecido, y que me alientan para seguir disfrutando y compartiendo la música con el público.

 

Si mi pequeña historia tiene algo que ofrecer, es que a veces el paso lógico a dar es el que es ilógico. Nada contra corriente si ves que no puedes nadar con ella. Estoy eternamente agradecida a todas las personas que he mencionado anteriormente, por su fe en mi y por las puertas que me han abierto, que tanto me han enseñado sobre el arte y la vida. Os aseguro que todo lo llevo grabado y forma parte de mi entendimiento de la música y de la gente.

 

Estoy eternamente agradecida a todas esas personas que no puedo mencionar porque sus nombres todavía son desconocidos para mi en estos momentos, y que continuarán inspirándome y formarán parte de mi viaje en el futuro.

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Photo by  Núria Codina.

Photo by  Giovanni Bettinello.

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Photo by  Chechu Bal.

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Interviews  Faro de Vigo & La Voz de Galícia